Al margen de cualquier valoración en favor o en contra que se pueda tener sobre el debate que se ha venido escenificando con relación al supuesto pago por parte de la Agencia para el Desarrollo de los Estados Unidos (USAID) a periodistas y comunicadores criollos, es innegable que no deja de ser interesante y oportuna la ocasión para poner en su lugar algunas situaciones.
Digo esto porque en este país se tiene la mala maña de manejar, retorcer, manipular y esconder verdades de determinados ciclos históricos de manera deportiva, siempre y cuando estén vinculadas importantes figuras que se entiende han jugado un papel importante en cualquier área ya sean estas en el sector público o privado.
Desde luego, todo debate, discusión, información o revelación noticiosa debe hacerse fundamentado en evidencias, documentos y rigor ético para que todo lo que se dé a conocer esté despojado de intencionalidad política, intereses particulares, pasiones y demás bajezas existenciales.
Al parecer en este país eso es sumamente difícil: es más fácil difamar, injuriar, inventar, descalificar y confundir con argumentos altisonantes y hasta groseros sobre el buen nombre y las reputaciones de los demás.